Hoy me despido de la Ciudad de México llevando conmigo la gratitud por los encuentros que dan sentido a este largo camino de hermandad entre nuestros pueblos.
Mi anfitrión en esta gran ciudad ha sido Tonalxakatl Itza Joab, un hermano y líder indígena profundamente comprometido con la defensa de nuestras raíces ancestrales, la medicina tradicional, el arte, la danza indígena y las luchas sociales por la reivindicación de los pueblos originarios.
Antes de partir, nos dimos un abrazo de despedida e intercambiamos presentes que simbolizan aquello que nos une. Le obsequié una camiseta de la Ruta Maya, que se puso inmediatamente con una alegría que me conmovió. Él, a su vez, me entregó una camiseta de su organización, con el calendario maya, símbolo de una sabiduría ancestral que sigue iluminando nuestro presente.
¡Gracias, querido Tonalxakatl, por tu hospitalidad, tu amistad y tu compromiso con nuestras culturas vivas!
Me marcho rumbo a San Cristóbal de las Casas, pero una parte de mi corazón se queda en esta ciudad, junto a los hermanos que creen que nuestras raíces no son cosa del pasado, sino semillas de futuro.
Porque cuando los pueblos originarios se encuentran, se reconocen y se abrazan, la memoria ancestral vuelve a caminar.
¡Hasta pronto, hermano! Que nuestros caminos vuelvan a encontrarse en la gran travesía de la hermandad latinoamericana. 



