Hoy llegué a la Ciudad de México. Dejé mi maleta en el hotel y me encaminé al Palacio Nacional para entregar un oficio dirigido a la presidenta Claudia Sheinbaum, solicitando atención para la Ruta Inka 2027 y su proyección como iniciativa de integración cultural de nuestra América.
Esperé unos veinte minutos. Pensé que era demasiado tiempo para que me sellaran una copia de recibido. ¡Qué sorpresa me llevé cuando, en lugar de un simple sello, me entregaron esta respuesta oficial de la Presidencia de México!
La carta señala que la presidenta ha dispuesto que mi solicitud sea atendida y que se dará seguimiento para que tenga una respuesta. Pero la sorpresa no terminó allí: apenas dos horas después, funcionarios de la Secretaría de Relaciones Exteriores me llamaron para coordinar una reunión preliminar por Zoom.
Confieso que este gesto me conmueve profundamente.
A comienzos de 2017 presenté ante la Cancillería peruana, en Torre Tagle, una solicitud de audiencia para exponer la posibilidad de proyectar la Ruta Inka como expresión de una política exterior nacida de nuestros pueblos, de sus culturas y de las civilizaciones originarias del Perú profundo. Hasta hoy, no he recibido siquiera un acuse de recibo de aquella petición.
No escribo estas líneas para renegar de mi patria. El Perú es la tierra de nuestras grandes civilizaciones y la razón de ser de buena parte de esta lucha. Precisamente por eso duele que una iniciativa nacida de su legado cultural no haya encontrado, hasta ahora, la respuesta institucional que anhelamos.
La Ruta Inka no pertenece a una persona ni a un gobierno. Pertenece a los jóvenes, a las comunidades, a las universidades y a todos los pueblos que creen que el conocimiento y la cultura pueden unir lo que las fronteras separan.
Hoy, desde México, siento que una puerta comienza a abrirse. No es todavía un respaldo definitivo, pero sí una señal alentadora de que nuestra propuesta ha sido recibida y merece ser escuchada.
Seguiremos insistiendo. Por el Perú profundo, por México y por una América que necesita encontrarse a sí misma a través de sus pueblos.
¡Que viva la diplomacia cultural! ¡Que viva la diplomacia de los pueblos! ¡Y que siga caminando la Ruta Inka!



